La vita di Matteo Farina

Matteo Farina (1990 -2009) de Bríndisi, ha trascurrido su breve, pero  intensa vida terrena, rodeado del afecto de su familia, de sus amigos, de la comunidad parroquial y de su novia.

Como todos sus  compañeros de su edad practicaba diversos deportes y cultivaba algunos hobbies. Amaba la música y había aprendido a tocar algunos instrumentos musicales,  dando vida a una banda  al cual le dio el nombre de “No Nombre”.

Fuertemente apasionado por la química, deseaba continuar sus estudios en el campo de la ingeniería ambiental. Le gustaba también la informática y era un excelente estudiante.

Participaba de la Santa Misa desde niño, leía cotidianamente la Palabra de Dios, recitando también el Rosario. Se confesaba cada semana.

Dos eventos han marcado su vida: un sueño y el descubrimiento de un tumor cerebral.

 El sueño

A los nueve años de edad Matteo sueña a San Pio de Pietrelcina que le revela el secreto de la felicidad y le encarga de  divulgarlo a todos.  Estas son las palabras de San Pio según el relato del pequeño Matteo “Si eres capaz de entender que quien vive sin pecado es feliz  debes hacerlo entender a los demás de manera que podamos ir todos juntos felices al Reino de los Cielos”.

Este sueño le hace entender su vocación y en seguida escribió: “Espero poder realizar mi misión de “infiltrado” entre los jóvenes, hablándoles a ellos de Dios  (iluminado justamente por Él)… observo a quien está alrededor, para entrar entre ellos silencioso como un virus y contagiarles de una enfermedad incurable, ¡el Amor!”.

 La enfermedad

A los trece  años de edad aparecen los primeros síntomas del tumor, él no pierde la alegría de vivir su gran fe, mantiene su sonriso, sostiene a los demás enfermos durante su internación para las numerosas intervenciones quirúrgicas.

En el transcurso de su enfermedad escribe: Querrías  gritarle al mundo que harías todo por tu Salvador, que estás listo para sufrir por la salvación de las almas, a morir  por Él.  Tendrás la manera de demostrarle tu amor”.

 Matteo, campeón de la fe, a propósito de esta virtud teologal decía que La fe es aferrarse a Dios para difundir su Palabra. Es rezar para nutrirse de su alimento,   aquel que permanece para siempre. Es  empeñarse para  seguir los planes de  Dios de la mejor manera. Es  inclinar la cabeza sin levantarlo con orgullo. Es hacer el bien en silencio y  reflexionar sobre el mal hecho”.

La felicidad es el fruto de la fe, decía Matteo “Abatirse nos es bueno para nada, debemos ser felices y dar alegría. Más alegría damos, más felices son los demás. Cuanto más son felices los otros, más felices somos nosotros”.

Aunque pueda parecer sorprendente en un joven de apenas 19 años, Matteo había comprendido profundamente el valor de la vida, la responsabilidad de haber recibido el don de la fe, de la familia;  el compromiso de no perder la vida en cosas inútiles, sino de vivirlo plenamente en el sentido humano y cristiano:

Su misión se puede describir con sus mismas palabras:

“Dios mío tengo dos manos, haz que una esté siempre cerca de ti  entonces ante cualquier prueba yo no me alejare de ti,  sino que estaré siempre más entrelazado; y la otra mano, te ruego, si es tu voluntad, déjala caer en el mundo… porque como te he conocido a través de los demás así también quien no cree pueda conocerte a través de mi. Quiero ser un espejo, el más límpido posible, y si es tu voluntad, reflejar Tu luz en el corazón de cada hombre. Gracias por la vida. Gracias por la fe. Gracias por el amor. Soy tuyo”.